Para Nelo Ramos, el deporte no ocupa solo unas horas al día:
forma parte de su vida. El jugador de Ontinyent compagina su participación en
la Tercera FEB con su trabajo, los estudios de máster y su labor como
entrenador del infantil femenino del club. Una rutina exigente que refleja la
realidad de muchos jugadores de estas categorías, obligados a abrirse camino en
el mercado laboral mientras se sienten afortunados por poder dedicar parte de
su tiempo “a un deporte que nos encanta, que es nuestra pasión”.
En su caso, el ontinyentí tiene claro que quiere dedicarse a
la educación. Por ello decidió cursar el máster de formación del profesorado en
la especialidad de Educación Física, sin dejar de lado su pasión por el
baloncesto en el Eset Ontinet. La enseñanza, explica el propio Ramos, es una
vocación, por lo que tampoco sorprende que dedique parte de su tiempo a
entrenar al equipo femenino del Ontinyent CB.
Una decisión que, tal y como reconoce el jugador del Eset,
“acabó siendo una de las mejores cosas que me podría haber pasado”. Con un
matiz: Ramos solicitó al club poder continuar con el grupo de jugadoras que
comenzó a entrenar la temporada pasada, una petición que el Ontinyent aceptó.
Así, aquellas alevines a las que empezó a dirigir el pasado curso compiten
ahora en categoría infantil bajo su dirección.
En esta etapa de aprendizaje —también para él—, antes de
poder ejercer en el futuro como profesor de Educación Física o, quién sabe,
como entrenador de baloncesto, hay varias premisas claras. Bajo la filosofía de
“transmitir mi pasión por este deporte y compartirla con la suya”, considera
imprescindible inculcar “el compromiso de venir a entrenar cada día y, por
supuesto, dar siempre el máximo para intentar mejorar”.
Aunque trabajar, estudiar y jugar ocupan gran parte de su
día a día, siempre alrededor del deporte, Ramos entiende su pasión desde una
idea fundamental: el equipo. Una visión que aplica tanto en el baloncesto
formativo, donde intenta transmitir “la importancia que tienen las doce
jugadoras, que se necesitan unas a otras y que deben remar en la misma
dirección”, como en la propia Tercera FEB. En esa categoría, señala, a veces
hay jugadores que actúan por libre y terminan dejando al equipo de lado: “y
eso, en lugar de sumar, resta, porque rompe la dinámica y deja de ser un
equipo”.
Más recientemente, a Nelo le surgió también la oportunidad de ganar un ingreso extra en un centro de entrenamiento de grupos reducidos, un trabajo que, además, le permite adaptar los horarios a una semana ya de por sí exigente para el ontinyentí.
Un día a día centrado en el deporte
Tal y como explica el jugador del Eset Ontinet, un día normal para él comienza alrededor de las ocho de la mañana. A esa hora se levanta para prepararse antes del entrenamiento, que suele ser hacia las diez, ya sea una sesión de trabajo en el gimnasio o en la pista. Con una agenda tan apretada, Nelo intenta aprovechar cualquier momento libre y, durante la mañana, suele adelantar tareas de la universidad “para poder llevar el máster al día”.
En cualquier caso, reconoce sentirse agradecido porque cursa
el máster de forma online, lo que le permite compaginar mejor todas sus
responsabilidades. “Es mucho más fácil combinar el estudio con el baloncesto
porque te da una flexibilidad muy grande para adaptarte a los entrenamientos y
al trabajo que pueda tener”, explica.
Tras el entrenamiento llega la hora de comer, casi siempre en casa, antes de afrontar la segunda parte del día. Dependiendo de la jornada, la tarde puede estar dedicada a otro entrenamiento o al trabajo. Ramos admite que son muchas cosas a la vez, “pero con un poco de organización y ganas se saca adelante la semana”. Aun así, reconoce que la parte más dura es el cansancio acumulado, ya que “sientes que no paras de hacer cosas”.

En una rutina tan exigente, es normal que aparezcan momentos de agobio. “Hay semanas que son más difíciles, con más volumen de entrenamientos o más trabajos de clase, y te obligan a organizarte mejor y a aprovechar al máximo el tiempo”, explica. “Hay momentos en los que piensas que no llegas a todo, pero en ese punto de frustración es importante entender que habrá etapas en las que tendrás que pasar por ese agobio, intentar gestionarlo lo mejor posible y confiar en que más adelante todo se tranquilizará un poco”, reflexiona el ontinyentí.
El baloncesto como pasión
Y ahí aparece, como catalizador y casi de forma inevitable,
el baloncesto, su gran pasión. Para Ramos, “sacrificios no hay muchos cuando te
gusta lo que estás haciendo; diría que el mayor sacrificio para mantener este
ritmo es renunciar a tiempo libre personal, porque hay momentos en los que
sientes que necesitas una pausa y no la tienes”. Aun así, lo vive con
naturalidad: “al final estamos jugando a un deporte que nos encanta, que es
nuestra pasión”.
En esta línea entra también la cuestión del aprendizaje
constante. Cada rival es distinto y, en una categoría como la Tercera FEB, el
nivel de exigencia ya es elevado. “Requiere mucho trabajo, se estudia a los
rivales y se organiza la semana en función del equipo al que te vas a
enfrentar”, explica.
Sin embargo, la realidad económica de estas categorías no
suele ser la mejor. Ramos reconoce que “pocos jugadores ganan lo suficiente
como para poder vivir bien; nosotros recibimos una cantidad que te permite ir
al día”. El jugador añade que, técnicamente, es cierto que durante esos años
vives del deporte, “pero en el momento en que dejas de jugar no tienes nada: ni
ahorros ni una estabilidad asegurada. Es una vida que, al final, tiene fecha de
caducidad”.
Es ahí cuando, y según Ramos, considera normal que haya casos de jugadores que piensen “que cuanto mejores números tengan, mejor posicionados pueden estar de cara a su futuro y poder escalar de ligas”. No obstante, subraya que lo primordial es el equipo.
La enseñanza como vocación personal
Una filosofía que también intenta trasladar a su equipo infantil del Ontinyent CB. Allí, explica, trata de inculcar que “todas son importantes y necesarias; necesitas que las doce estén enchufadas para que el equipo avance en la misma dirección”. En ese sentido, considera que su papel como entrenador pasa por “transmitirles tranquilidad y confianza, porque cada una tiene su ritmo de maduración. No tienen que compararse con una compañera y hundirse, sino aprender de ella, porque todas son importantes”.
A pesar de su juventud —nacido en 2002— y de formar parte de
un primer equipo de Tercera FEB, hablar con Ramos es compartir un rato con
alguien al que, además de su evidente pasión por el baloncesto, se le percibe
una clara vocación por la enseñanza. Por eso la pregunta surge casi de forma
natural: ¿se ve en el futuro como entrenador?
Entre risas responde que “aún me queda tiempo para disfrutar
jugando”, aunque no cierra la puerta a esa posibilidad. “Me gusta ver cómo un
equipo crece, trabaja y acaba recogiendo los frutos. Me gustaría seguir
formándome como entrenador y, quién sabe, quizá en el futuro dedicarme a ello”,
comenta.
En su caso particular con el ahora infantil femenino del Ontinyent CB, asegura que disfruta transmitiendo las nociones básicas del baloncesto y viendo cómo, poco a poco, “van entendiendo cómo funciona el juego en equipo”. Además, para Ramos tiene un significado especial hacerlo en su propio club: “representar al club en el que me he criado significa mucho para mí, porque es el lugar donde he crecido como jugador y como persona. Es un orgullo poder jugar aquí e inspirar a los más jóvenes para que lleguen como yo o incluso más lejos”.
Experiencia personal con el Eset Ontinet
Su momento con el primer equipo llegó muy pronto y, además,
en pleno periodo de la pandemia. Recuerda aquel debut con muchos nervios, algo
que se reflejó en el partido: acabó expulsado por cinco faltas y no logró
anotar ninguno de los lanzamientos que intentó. Aun así, guarda un buen
recuerdo de aquella primera experiencia.
Aunque, si hay un momento que recuerda con especial ilusión,
es el día en que lo llamaron por primera vez para entrenar con el primer
equipo. “Yo era júnior de segundo año y fue muy emocionante. Tienes muchas
ganas de entrenar, es la primera vez que te llaman y lo vives con mucha
ilusión, y eso te motiva mucho”, explica.
Ahora, ya asentado en el primer equipo, Ramos asegura que
para él es un orgullo. “Cuando era pequeño subía a ver los partidos del primer
equipo con la ilusión de poder jugar ahí algún día, y ahora estoy aquí. Estoy
muy contento por la oportunidad y muy ilusionado”, afirma.
Para el jugador del Eset Ontinet, formar parte del equipo
también es una recompensa al esfuerzo realizado durante años: “significa que mi
trabajo ha dado sus frutos y ojalá también sirva de espejo para los jugadores
de la cantera, para que vean que ellos también pueden llegar a estar aquí algún
día”.
En definitiva, trabajar, estudiar y competir en Tercera FEB
marcan el día a día de Nelo Ramos, jugador del Eset Ontinet, apasionado del
baloncesto y con una clara vocación por la enseñanza. Una filosofía que resume
en una idea sencilla: “es necesario coordinarse con los compañeros para lograr
un objetivo común y entender que el trabajo diario es lo que te permite estar
siempre preparado”.