El Ayuntamiento de Ontinyent, a través de la concejalía de Educación, ha puesto en marcha un ciclo de 18 charlas dirigidas al alumnado de primero de Educación Secundaria Obligatoria con el objetivo de concienciar sobre los efectos del uso excesivo de las pantallas en el cerebro. Las sesiones están impartidas por la neurocientífica y divulgadora científica Marta Ruipérez y se desarrollan en los distintos centros de secundaria de la ciudad, tanto colegios como institutos. Este ciclo, que llegará a la totalidad del alumnado de 1º de ESO de Ontinyent, aborda de manera didáctica y adaptada a la edad del alumnado joven cómo influyen las pantallas en el desarrollo cerebral, la conducta, las emociones y la capacidad de atención, así como la importancia de fomentar hábitos saludables en el uso de la tecnología.
El concejal de Educación, Ferran Gandia, asistió esta semana a una de las charlas celebradas en el colegio La Milagrosa, donde destacó la importancia de este tipo de iniciativas preventivas y señaló que “es fundamental que el alumnado tenga información sobre cómo las pantallas afectan a su cerebro, especialmente en una etapa del desarrollo como es la adolescencia”.
Según explicó la neurocientífica Marta Ruipérez durante las sesiones, el uso intensivo de pantallas puede generar cambios químicos en el cerebro, especialmente relacionados con la dopamina, una sustancia que regula la motivación, las emociones y la impulsividad. “Las pantallas ofrecen recompensas inmediatas con muy poco esfuerzo, y eso las hace especialmente atractivas y potencialmente adictivas”, explicaba la divulgadora.
Ruipérez insiste también en la necesidad de entender el uso de la tecnología en términos de cantidad y calidad, ya que “no es lo mismo una exposición puntual que pasar varias horas seguidas delante de una pantalla. El cerebro, especialmente cuando se encuentra en proceso de maduración, es muy sensible a este tipo de estímulos”, advertía. En este sentido, la neurocientífica recomienda a los y las jóvenes apostar por alternativas de ocio más saludables, como el juego al aire libre, el deporte, los juegos de mesa, la lectura o la interacción social presencial. “Las experiencias reales son imprescindibles para un correcto desarrollo cognitivo y emocional”, remarcaba.