- Hablar de San José es hablar también de la cantidad de niños y de jóvenes que el centro congrega. ¿La cifra de juniors se mantiene?

- Actualmente, contamos con alrededor de 987 niños. Entre educadores, preeducadores —que son jóvenes que se están formando durante un año para llegar a ser educadores— y coordinadores, somos aproximadamente 170 personas dedicadas a acompañarlos.

La organización se estructura en grupos correspondientes a cinco etapas. Los niños comienzan cuando terminan el año de Primera Comunión; ese mismo año inician la primera etapa, con aproximadamente 9 años, y van avanzando progresivamente por las distintas etapas hasta los 14 años, que es el año en el que se encuentran ellos, conocido como Mascletá.

Cada etapa cuenta con su propio equipo de educadores, apoyado por coordinadores que se encargan principalmente de la parte organizativa y de preparar todo lo necesario para que cada fin de semana los niños puedan disfrutar del plan de formación que tenemos preparado.

Estas actividades se desarrollan en forma de reuniones con dinámicas y actividades, cuyo objetivo es ayudarles a aprender y desarrollar aspectos que muchas veces no se trabajan en el día a día: formarse en valores cristianos y crecer como mejores personas.

- Este año, con unas fallas nuevamente pasadas por agua y pendientes del tiempo...

- Sí, las Fallas del año pasado estuvieron bastante pasadas por agua. De hecho, hay un dicho muy popular: “plantar la falla de Sant Josep y empezar a llover”, y lo cierto es que muchas veces se cumple. Este año, cuando se plantó la falla la semana pasada, el tiempo tampoco acompañaba demasiado.

Aun así, gracias a Dios hemos podido celebrar todos los actos previstos, tanto los de la semana pasada como los de este último fin de semana. Seguimos mirando al cielo y esperando que el tiempo nos permita terminar las fiestas de la mejor manera posible, sin contratiempos meteorológicos y pudiendo llevar a cabo todas las actividades programadas.

Eso sí, cuando alguna actividad no puede celebrarse debido al mal tiempo, no la suspendemos, sino que la aplazamos, para que los niños puedan disfrutarla igualmente en otro momento.

- ¿Qué valoración puedes hacer de los actos vividos, especialmente del rally y de las paellas?

- El rally, bueno, este año tenía temática de vikingos y cada equipo de juniors lo que tenía que hacer era ir superando distintas pruebas repartidas en cuatro sectores para conseguir llegar a la prueba final. Los dos primeros equipos eran los que hacían esa prueba final y, a partir de ahí, el ganador era el que se llevaba el rally.

Sí que es verdad que pudimos hacerlo perfectamente a pesar del tiempo y, bueno, la participación fue masiva en este caso. No estarían los 980 niños, pero sí que estaríamos hablando de que, entre niños y educadores, casi 900 personas participaron en la actividad. 

Las paellas se celebraron el domingo, también mirando al tiempo, pero bueno, las pudimos hacer. Los equipos se juntan y cada parcela se encarga de hacer una paella. Los educadores, junto con los niños y con el equipo, lo que hacen es preparar su paella.

Luego hay premios: por un lado, a la paella con mejor sabor, donde se entrega un primer y un segundo premio, y por otro lado está el premio a la paella mejor decorada, porque también los equipos se las ingenian para decorar de la mejor manera posible el espacio y la paella, intentando que sea original y que no solo cuente el sabor. Hay de todo al final, pero bueno, la intención es lo que cuenta.

- Como responsable del centro, y de todos los actos que se han vivido, ¿cuál es el que más trabajo ha supuesto a nivel organizativo?

- A nivel organizativo, sí que es verdad que hay que tener muchas cosas preparadas para que esté todo a punto y en su sitio. Es un día muy bonito, que disfrutan mucho los falleros, y ya no solo los falleros, sino también el resto de equipos, educadores y familias. Se trata del día de la presentación de los falleros.

Este año sí que es verdad que, por el tiempo, no tanto por la lluvia sino por el aire, tuvimos que trasladar la presentación del patio al Teatro Echegaray. Aun así, pudimos hacerla allí sin problemas.

La verdad es que es un día en el que hay que tenerlo todo muy en cuenta a nivel organizativo, pero que al final sale muy bien gracias a la ayuda de educadores, familias y también de los propios falleros.

- ¿Y de lo que queda por vivir?

- De lo que queda por vivir, el día más bonito, el que queda ahí como día grande, para mí personalmente es el día de San José. Es el día grande, un día en el que prácticamente detrás de un acto viene otro. Es el día de nuestro patrón y también el día en el que ponemos punto y final a las Fallas.

Al final, que llegue ese día quiere decir que todo ha llegado a su fin, pero también que todo ha salido bien y que hemos podido hacer disfrutar un año más tanto a los falleros, como a los niños, que son los mayores representantes de la fiesta, y también al resto de niños de los juniors.

- Unas fiestas que no son solo de los juniors…

- Correcto, porque parece que sea solo la fiesta de los niños, pero no es así. También es la gente del barrio la que viene cada fin de semana a ver la falla, a jugar a los barracones que preparan los equipos, y muchas veces ves el patio lleno. Y eso da mucha alegría, ver a tanta gente implicada y que venga a disfrutar de nuestra fiesta.

En general, todos los años tenemos muy buena respuesta, no solo de gente que viene a visitar la falla, sino también de quienes nos ayudan a que esta fiesta siga adelante: tanto las familias, como las empresas que colaboran, y el pueblo en general.