El grupo municipal de Compromís per Ontinyent, a través de su portavoz Nico Calabuig, ha presentado una propuesta alternativa al nuevo modelo de gestión de residuos impulsado por el gobierno de Ens Uneix. Su objetivo es avanzar hacia un sistema “más justo, más sostenible y más inteligente”, fundamentado en tres principios: reciclar más, pagar menos y gestionar mejor.
Desde Compromís consideran que el nuevo sistema de recogida se está implantando sin la comunicación suficiente con la ciudadanía. La formación señala que un cambio de esta magnitud debería hacerse “de la mano de los vecinos y no de espaldas a ellos”, por lo que consideran necesario haber fomentado el diálogo y la participación tanto de las familias como de los comercios desde el primer momento.
El grupo municipal también ha criticado que desde el gobierno de Ens Uneix no se hayan tenido en cuenta las aportaciones realizadas por Compromís en los plenos ni en el grupo de trabajo convocado desde la concejalía. De todas las propuestas planteadas por Nico Calabuig, denuncian que no se ha tenido en cuenta ninguna y califican este espacio de trabajo impulsado por la concejalía de medio ambiente como “un grupo propagandístico”.
Además, Compromís denuncia que la política municipal de residuos ha supuesto un fuerte incremento del coste para los vecinos. Según explican, la tasa municipal de residuos se ha triplicado en los últimos cuatro años y la califican como “abusiva e injusta”, ya que no tiene en cuenta el esfuerzo de los ciudadanos que sí reciclan.
En este sentido, el grupo advierte de que el nuevo modelo está generando desafección entre la ciudadanía, cuando debería provocar el efecto contrario.
Más participación ciudadana y proyectos piloto
Compromís también reclamó una campaña de información y participación más intensa para resolver dudas y recoger las opiniones de vecinos y comerciantes. A su juicio, muchas de las problemáticas actuales se deben a la falta de información clara sobre cómo iba a funcionar el nuevo sistema.
Asimismo, el grupo propuso desarrollar proyectos piloto en distintos barrios de la ciudad para facilitar una transición progresiva hacia el nuevo modelo de recogida.
“Si desde el inicio se hubieran incorporado mecanismos de incentivos y de participación, el trabajo pedagógico habría sido asumido de forma colectiva por familias y comercios”, señalan.