El peligro de la procesionaria llega este año con adelanto, apuntan veterinarios consultados por LOCLAR. Aunque el grueso de animales atendidos por los peligrosos efectos de estas orugas, desde Mi Vet Ontinyent confirman que este año están atendiendo casos más pronto de lo normal. De hecho, la semana pasada atendieron a cinco perros y esta semana, el martes ya llevaban dos atenciones más por este mismo motivo.
La procesionaria del pino, lepidóptero característico de los bosques mediterráneos, no solo afecta a las coníferas, sino que supone un peligro real para los perros y otros animales que pasean o juegan cerca de zonas arboladas.
La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es una oruga que, en su fase larvaria, forma columnas muy visibles en el suelo y en las ramas de los pinos. Aunque su aspecto puede parecer inofensivo, estos gusanos están cubiertos de pelos urticantes que contienen una potente toxina. Si entran en contacto con la piel, la boca o el hocico de un animal, pueden producir desde irritación hasta lesiones graves.
Los perros, por su naturaleza curiosa y exploradora, están especialmente expuestos: olfatear, lamer o morder uno de estos ejemplares puede desencadenar una urgencia veterinaria en cuestión de minutos.
Acudir lo más rápido posible al veterinario
Rubén Vila, de Mi Vet Ontinyent, explica que en estos casos, es muy importante actuar lo más rápido posible, porque los efectos de los pelos urticantes pueden llegar a tener consecuencias muy graves. Como recomendación, Vila explica que en un primer momento se puede lavar la zona de contacto con agua (a poder ser caliente) mezclada con vinagre o con bicarbonato. De esta manera, se consigue neutralizar los efectos urticantes. Ahora bien, con mucho cuidado porque los efectos de la procesionaria también afectan a las personas.
Además, se debe acudir rápidamente al veterinario, incluso aunque no se tenga la certeza de si el animal ha tenido contacto con la procesionaria. Es más, añade Rubén Vila que si en el momento en el que se decide acudir al veterinario se llama por teléfono para avisar, desde la clínica se puede empezar a preparar el tratamiento, según el peso del perro, para así ganar un tiempo que puede ser vital para evitar las graves consecuencias. En ocasiones, explican desde Mi Vet, cuando los perros son llevados al veterinario ya es tarde, porque los efectos (inflamación intensa de la lengua, labios; salivación excesiva, dificultad para tragar...) no son inmediatos y ha pasado un tiempo que ha hecho agravarse las consecuencias. De ahí la importancia de intentar evitar zonas con muchos pinos e inspeccionar el terreno antes de dejar jugar al can, especialmente en zonas con mucha vegetación.