Víctor Climent es médico de familia en Ontinyent y coordinador de la zona básica de salud de los centros de la ciudad, así como de los consultorios auxiliares de Aielo y Fontanars. Desde que tiene memoria, siempre lo tuvo claro. Cuando de niño le preguntaban qué quería ser de mayor, la respuesta era inmediata: médico. Aquella intuición infantil acabó convirtiéndose en una vocación firme y, con los años, en una elección más concreta: la medicina de familia.
“Ser médico de familia no ha sido una casualidad”, explica. “Es una elección consciente, porque es la parte de la medicina que lo engloba todo”. En la atención primaria se atiende al paciente, pero también a su entorno, a su familia, a su contexto social. Una relación cercana y continuada que, según subraya, es “bonita” y profundamente gratificante a nivel personal.

La motivación: el reconocimiento diario
La motivación no llega tanto en forma de recompensas materiales como de satisfacción personal. El cariño de los pacientes, la confianza que depositan en su médico y el trabajo en equipo dentro del centro de salud son los pilares que sostienen el día a día. “Eso te anima a seguir adelante”, afirma.
Nacido en Ontinyent y actualmente trabajando en la misma zona, reconoce que el vínculo con la población es aún más estrecho. “Aquí me conoce mucha gente, pero la verdadera relación se construye en la consulta. Es ahí donde conoces de verdad a la persona y a su entorno”.
Un día normal… si existe
Su jornada empieza antes de que se abran las puertas al público. Como coordinador de la zona básica de salud, llega unos 20 o 30 minutos antes de las ocho de la mañana para comprobar que todo esté organizado y que no haya incidencias. A partir de ahí, comienza la consulta.
Entre las ocho y las dos de la tarde atiende, de media, entre 35 y 40 pacientes diarios. En los meses de invierno, con los picos de infecciones respiratorias, la cifra puede alcanzar los 50. “Es una cantidad considerable”, reconoce. A esto se suman las visitas domiciliarias a pacientes que no pueden desplazarse y las tareas de coordinación, que alargan la jornada hasta las tres de la tarde.
La coordinación abarca los tres centros de salud de Ontinyent y los consultorios auxiliares de Aielo de Malferit y Fontanars. Una estructura amplia, con una carga organizativa importante.
La esencia de la atención primaria
Las consultas son tan variadas como la vida misma. Esa diversidad es, precisamente, uno de los grandes atractivos de la atención primaria. Aunque el ideal sería centrarse en la prevención y en el seguimiento de las enfermedades crónicas – cardiovasculares, respiratorias, renales o neurológicas -, la realidad es que la patología aguda ocupa buena parte del tiempo disponible.
“Los resfriados, los dolores agudos o los problemas puntuales consumen muchos recursos, y es lógico, porque la gente necesita ser atendida cuando tiene un problema”, explica. Aun así, insiste en que los médicos de familia son especialistas en el paciente crónico, una figura clave en una sociedad cada vez más envejecida.
Estrés, urgencias y presión asistencial
El estrés forma parte del trabajo. Urgencias inesperadas, visitas domiciliarias imprevistas o situaciones vitales graves pueden alterar por completo una consulta ya saturada. En invierno, las guardias se vuelven especialmente más duras por el volumen de pacientes y la aparición de urgencias en la calle o en domicilios.
En este sentido, la atención asistencial es constante y depende de la demanda, ya que hay picos de afluencia en determinadas horas del día, además de variar según la época del año. No obstante, lejos de haber tiempos muertos, las guardias mantienen un ritmo continuo que apenas permite adelantar otras tareas de coordinación, ya que siempre surgen nuevas atenciones que atender.
La relación médico-paciente: la clave de todo
Para este médico, la relación con el paciente es el eje central de su profesión. La confianza mutua permite hablar de cualquier problema, físico o emocional, y también reconocer cuándo es necesario pedir ayuda a otros especialistas.
Defiende además una visión coral del centro de salud: “Aquí trabaja un equipo. Médicos, enfermeras, auxiliares, matronas, personal administrativo… El paciente es atendido por muchas personas preparadas, desde que pide cita hasta que sale por la puerta”.
Salud mental: una realidad creciente
Los problemas de ansiedad, depresión y trastornos del ánimo son cada vez más frecuentes en consulta. El abordaje pasa por la empatía, la escucha activa y la combinación de tratamientos farmacológicos y psicológicos. En momentos de alta presión, la paciencia se pone a prueba, pero insiste en que “explicando las cosas, la mayoría de la gente lo entiende”.
Aprender a mirar la salud con otros ojos
No hay una anécdota concreta que destaque sobre las demás. Son demasiados pacientes y demasiadas historias. Pero sí una enseñanza constante: la percepción de la salud. “Para quien viene a consulta, su problema es el más importante del mundo, aunque a nosotros nos parezca leve. Y eso hay que tenerlo siempre en cuenta”.
El gran reto: prevenir
Si tuviera que señalar el mayor reto de la profesión, no duda: estar actualizado y atender toda la demanda asistencial sin perder de vista la prevención de la enfermedad crónica. Controlar la tensión, el azúcar, la función renal, promover las vacunas y los hábitos saludables puede evitar infartos, ictus y complicaciones graves en el futuro.
“El problema es que con casi 40 pacientes al día es imposible dedicar el tiempo que nos gustaría a cada uno”, lamenta. Reclama más recursos, más educación sanitaria desde la infancia y políticas a largo plazo que refuercen la atención primaria.
Divulgación y trabajo comunitario
Desde hace años, el centro de salud impulsa iniciativas de comunicación para dar visibilidad a la atención primaria, especialmente a través de redes sociales y entrevistas en medios locales. Además, se desarrollan proyectos con centros educativos, como formación en reanimación cardiopulmonar para docentes, campañas de actividad física, educación en diabetes, alimentación saludable y participación comunitaria. “Es una realidad muy diversa”, resume.
Lo más duro y lo más gratificante
Llevarse casos a casa es inevitable. “Trabajamos con personas y sentimientos”. Lo más duro es comunicar un mal diagnóstico: hacerlo con claridad, pero con empatía, es uno de los momentos más difíciles de la profesión. Lo más gratificante, en cambio, es sencillo: que el paciente se vaya sonriendo. O encontrárselo por la calle, saludarse, y que sea él quien pregunte cómo estás tú.
La base del sistema sanitario
Defiende con convicción que la atención primaria es la base del sistema sanitario, aunque no siempre reciba los recursos necesarios. Falta personal, faltan espacios y falta inversión. “No se trata solo de más profesionales, sino de organizar mejor los recursos”.
Aun así, no duda en recomendar su especialidad a los futuros médicos. “Es la más bonita del mundo”. Cree que debería tener más presencia en las facultades para que los estudiantes la conozcan de verdad.
Si tuviera que resumirla en una frase, lo tiene claro:
“La atención primaria es fundamental y debemos cuidarla entre todos, porque está en riesgo”