Si ha habido tregua entre políticos por la Navidad y han dejado de cruzarse invectivas, la inmensa mayoría de ciudadanos apenas si ha tenido ocasión y motivos para darse por enterada. No se ha notado en las redes sociales ni en los medios de comunicación. Han continuado dándose cera los habituales discrepantes. La espectacular actuación ordenada por Donald Trump y ejecutada con precisión quirúrgica por los super preparados miembros de la Delta Force, la de sacar a Nicolás Maduro de su escondrijo y llevárselo en un santiamén a USA, tuvo parcial reflejo por estos lares. Ricard Gallego, escribía un tuit: “Trump amenaza también a México: Habrá que hacer algo”, y Vicent Mascarell, secretario de organización del PSPV-PSOE, creyó ver ocasión propicia para tratar de banderillear detrás de la barrera de un móvil al partido que tiene insomnes de los dirigentes del socialismo valenciano: “Ahora es cuando vais los de Ens Uneix, pactáis con Trump y hacéis como que lo arregláis”.
El periodista Burguera, de Las Provincias, presto a sacar aceite de un ladrillo en estos días en que la gran parte de la clase política hace un alto en el camino, contó la historia de las malas relaciones entre los socialistas valencianos y el partido liderado por Jorge Rodríguez. Partido que se hizo realidad, conviene tenerlo en cuenta, por la torpeza de unos dirigentes: José Luis Ábalos, Ximo Puig, Carlos Fernández Bielsa, Rebeca Torró --con la claque gandiense aplaudiendo -- que le hicieron al alcalde de Ontinyent justo lo contrario que lo hecho por Pedro Sánchez a Miguel Ángel Gallardo, su vapuleado candidato en las urnas extremeñas la víspera del gordo de la lotería. Algunos dirigentes del socialismo valenciano todavía creen que Ens Uneix no puede pactar con ningún otro partido que no sea el suyo por considerar –a la vista está de que su error ya es congénito – que son carne de su carne. El resultado para la presidencia de la Diputación de Valencia no les sirvió de ilustrativo ejemplo. Y se quedaron compuestos y sin novia, porque ésta prefirió casarse por lo civil y separación de poderes con el PP y, además, conseguir una buena dote. Y así se ha visto reflejado en las inversiones conseguidas para Ontinyent y la comarca de la Vall d’Albaida por la que es diputada –ojo, y vicepresidenta primera de la Diputación de Valencia – Natalia Enguix.
Meterse en batalla dialéctica y tuitera contra un todoterreno como Ricard Gallego es tan peligroso como salir a cazar un jabalí –ahora con el aliciente añadido de la promesa de 40 euros de recompensa si se consigue -- sin más arma que una pistola de agua. Y como el granjero precavido que espera la llegada del zorro para hacer de las suyas, le lanzó la pregunta al tal Mascarell: “¿Los imbéciles como tú no descansáis? Tú, motorista, tan cerca de los promotores del caso Alquería, una operación judicial y política que nos llevó a un calabozo. Qué modus operandi tan parecido, no?”. Tuve conocimiento de la diatriba al mismo tiempo que me divertía ver el chiste de Morgan en Canarias7. No era cosa de no aprovechar su humor y no reproducirlo como ilustración de este mismo espacio. Se acabó la tregua navideña, dice el personaje creado por el humorista, y hay que volver a los insultos en las redes.
Hubo un tiempo en que las diatribas y polémicas se sustanciaban en las páginas de los periódicos. ¿Cómo no recordar la réplica y cruce de mensajes publicados en la prensa madrileña entre el dramaturgo Pedro Muñoz-Seca enfrentado al crítico teatral Enrique de Mesa? La última de sus disputas se cerró con estos versos de Muñoz-Seca:
“Ese papel infamante/que remitido me has/ agora lo tengo delante/pronto lo tendré detrás”. Una porfía imposible hoy en día en que todo se dice en soportes analógicos y apenas nada en papel, por lo que no será aconsejable si lo que se pretende es limpiarse el antifonario y así terminar el cruce de improperios, hacerlo con el artilugio.