Es en Alcoy donde los Reyes Magos tienen la suerte de contar con una colla de pajes como en ninguna otra población. Pajes que, además, son todos de color. De color negro. Dado que algunas de las ideas procedente de los Estados Unidos terminan acogiéndose aquí con tontorrón entusiasmo como ocurrió con el Halloween o el Black Friday, los contrarios del Blackface trataron de exportar su oposición a la práctica de actores blancos que se pintaban la cara para aparecer como negros en escena. Y lo que era una protesta cargada de lógica en un país en el que hasta anteayer se discriminaba—ojo, con la ley en la mano-- a los negros, no tenía mucho sentido trasladarla a estas latitudes en que nos podemos disfrazar de moros o cristianos como lo cosa más natural a la hora de celebrar nuestras fiestas. Se ha criticado a los y las jóvenes alcoyanas que con el mayor entusiasmo se ofrecen a colaborar con los Reyes Magos. Un año más, a pesar del aguanieve que amenazó la celebración de su cabalgata, que es la primera que se celebró en España y seguramente también en el mundo, los pajes en número de cuatrocientos contribuyeron con su entusiasmo a que los regalos fuesen entregados en manos a cientos de niños de Alcoy, gracias a la agilidad con que los pajes suben hasta los primeros pisos por unas escaleras colocadas por ellos mismos.

En Alcoy, como en Andalucía, en donde su presidente Juanma Moreno ha hecho de rey Baltasar en la cabalgata de Sevilla, lo del Blackface les suena como si de una inocentada se tratase. Lo que no resta entusiasmo a los ociosos que se valen de las redes sociales para denunciar una práctica que nadie considera ofensiva, salvo aquellas mentes retorcidas que tienen vocación de crear un problema para seguidamente presentarse como expertas solucionadoras. Estamos listos si hacemos caso de esas falsas denuncias, porque los mismos que dan rienda suelta a su ociosidad tratando de plantear estos conflictos, son los mismos y mismas que cualquier día les veremos denunciando que aquí, allá y acullá, que en nuestros papeles de moros o cristianos nos pintarrajeemos y revestamos con las más coloristas galas y atuendos fruto de la desbordante imaginación de unos diseñadores que conocen la fiesta y los gustos festeros. Unos trajes que para sí quisiera la Pedroche en la Nochevieja.