En marzo del 2026, el Ayuntamiento de Bocairent inició las obras para convertir los bancales urbanos perimetrales entre la Cava de Sant Blai y les Covetes del Colomer en zona de esparcimiento público. La publicidad sobre el proyecto emitido por el consistorio local habla de crear “un corredor verde” a pesar de que las mismas obras quebrantan los bancales y desmontan su topografía original.
Asimismo, se destaca que el proyecto va a “poner en valor los huertos municipales” mientras que los convertirá probablemente en un parque temático. La conversión de los bancales en un patio de recreo se complementa con el montaje de juegos infantiles, bancos, papeleras y barandillas de plástico desperdigadas por una zona de tamaño considerable que no tendrá ningún mantenimiento adicional, según reconoció el consistorio. Y eso cuando los vecinos llevamos décadas reclamando soluciones para desperfectos, ruinas y el abandono que sufren zonas enteras del casco antiguo.
En respuesta, el equipo del gobierno local ha realizado una serie de intervenciones en torno al casco antiguo, a menudo en beneficio del visitante ocasional, pese a perjudicar el paisaje milenario propiedad de todos los habitantes. Durante las últimas dos legislaturas se han construido al menos siete miradores y cinco parques de estilos heterogéneos que poco o nada tiene que ver con el entorno original. Gracias a las subvenciones públicas provenientes de los impuestos, estas obras han creado un efecto estridente en la estética del entorno. Donde antes existía una armonía evocativa del paso de los siglos, ahora existe un conjunto confeccionado con elementos disonantes.
Paradójicamente, todas estas actuaciones se enmarcan dentro de lo que el ayuntamiento denomina “el plan de desarrollo de turismo sostenible”. Ya entramos en un zarzal de ambigüedades semánticas cuando la definición del término “sostenible” se ajusta más en la práctica a la descomposición del lugar que en su conservación. Tal es el caso de los bancales perimetrales del barrio medieval, que constituyen un sentido identitario elemental para los habitantes de Bocairent digno de respetar y de valorar como patrimonio milenario singular. Así se recoge en la Carta Mundial de Turismo Sostenible de Vitoria: “los valores del lugar de destino se preservan mediante la delineación de procesos que monitorizan los cambios, analizan las amenazas, riesgos y oportunidades para así no alterar sino sostener la identidad de los destinos”.
Es más, según la misma carta “Los organismos de gobernanza, incluyendo los consistoriales, deberían planificar mediante un proceso participativo de colaboración entre todas las partes interesadas, sobre todo con las comunidades locales, para que influyan en cómo el turismo se desarrolla y se gestiona”. En su momento, y para cubrir este requisito, el ayuntamiento realizó una consulta por internet y un acto presencial en el mercado municipal durante dos sábados consecutivos. En el primer caso recibieron 203 respuestas y en el segundo respondieron 20 personas de una población de 4,179; es decir que la participación fue del 5% aproximadamente. Así se explica cómo el consistorio local sigue acometiendo actuaciones totalmente innecesarias, que socavan el patrimonio local en pro de sus planes para el turismo, porque sabe que cuenta con la complicidad de la mayoría de la población. Entre la conformidad, la impotencia, la indiferencia y el mutismo generalizado, cabe recordar que una de las entidades que más empleo genera en el pueblo es el mismo ayuntamiento.
En ‘El Reino Venidero’, JB Ballard escribió “En la sociedad actual de la improductividad y el predominio de la marca, la política se vende al por menor mediante una campaña de publicidad que elimina la necesidad de un producto. Por todas partes rezuman las sonrisas, la música ambiental, incluso el engaño. A la gente le gusta que le engañen. Le recuerda que todo es un juego”.