Si por lo general toda junta de vecinos constituye un potencial peligro para que afloren suspicacias y tensiones, la que se tendrá que convocar para dar cuenta de las nuevas normas sobre recogida basuras que el Ayuntamiento de Ontinyent quiere implantar, puede ser la excusa para que alguno de los vecinos arremeta contra el presidente de escalera si no queda satisfecho con las explicaciones sobre el modo de clasificar y depositar los desperdicios.
De momento, ya son numerosos los edificios en los que se ha fijado un avido convocando al presidente del bloque –y sólo al presidente sin ningún vecino más-- a una reunión con un técnico municipal, a celebrar en el mismo zaguán, quedando obligado el presidente a informar con posterioridad a los demás vecinos sobre las disposiciones municipales –dicen que son trasunto europeo—para el tratamiento de las basuras. Todo un papelón para quien ocupe en estos momentos la presidencia de un edificio, porque puede verse asaeteado por todo tipo de preguntas que ni siquiera con la ayuda de la inteligencia artificial serían de fácil respuesta. La lógica te dicta que siendo tan radical el cambio que se quiere introducir, el vis a vis que se pretende entre un representante municipal y un presidente de escalera, sería mucho más productivo si se fuese una reunión de todos los vecinos, de modo que cualquiera de ellos pudiese preguntar directamente sin la intermediación de un presidente de comunidad, porque no todos tienen las mañas como las del famoso y querido actor José Luis Gil, papel que encarna en “Aquí no hay quien viva”, desapareció abruptamente por un traidor infarto cerebral del que sigue un lento proceso de recuperación.