De la vicepresidenta primera del gobierno de Pedro Sánchez, María Jesús Montero Cuadrado, siempre cabe esperar la más histriónica declaración --muy en la línea de los Óscares Puente y López-- que suele acompañar de gestos tan cómicos como el catálogo de coloretes que se da en el rostro. Pese a todo, lo de menos es su estética. Lo demás, su facilidad para hacer comentarios incompatibles con los valores democráticos y constitucionales. La absolución de Dani Alves por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, le ha provocado que la boca se le llenase de sandeces, como lo es la de anteponer como argumento jurídico la declaración de una mujer (que recalcó era joven) a la de presunción de inocencia. Una consecuencia añadida al desastre que ha demostrado ser la Ley del Sí es Sí, tan del gusto de la otra Montero, Irene, que sigue pregonando las bondades de su aborto legislativo, pese la rebajas de pena, todo un chollo para más de mil condenados. Que la decisión del TSJC que absuelve al ex jugador del FC Barcelona lo firman tres mujeres y sólo un varón, deja a todas las monteros, monteras y monteres sin su recurso y matraca tan habitual de culpar a magistrados machirulos.

EL CASO JORGE RODRÍGUEZ
El desprecio de dirigentes socialistas a la presunción de inocencia tiene en la biografía del alcalde de Ontinyent un capítulo determinante que conviene recordar para sonrojo de algunos amnésicos. Y amnésicas. Los que fueron suyos negaron al entonces alcalde de Ontinyent y presidente de la Diputación de Valencia, la presunción de inocencia desde el minuto uno del caso Alquería, una maniobra orquestal en la oscuridad, que debe ser puesta como ejemplo de cerril cacicada, en la que mucho tuvieron que ver el ahora imputado José Luis Ábalos, entonces ministro y secretario de organización del PSOE, el presidente Ximo Puig, y algún que otro periodista que  prestó su pluma para vender la estratagema para derribar a Jorge Rodríguez y que tan pésimo rédito político y personal le ha supuesto al PSPV-PSOE, que todavía renquea en Ontinyent y comarca por su propia culpa 

SEGUIMOS SIN PRESUPUESTOS
Por mucho que refunfuñe la vicepresidenta primera de Sánchez, la presunción de inocencia mantiene su plena vigencia. Véanse los artículos 24 de la Constitución Española y el 11 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Que la vicepresidenta en sus palabras apueste por conculcar nuestra Constitución no debería sorprendernos cuando es el propio gobierno del que ella forma parte, la que la incumple de modo flagrante, tal como está haciendo Pedro Sánchez al no presentar al Congreso el proyecto de Presupuestos del Estado, que ya no presentó el pasado año y no parece, a la vista de cómo se las hacen pasar sus socios de gobierno, pueda hacerlo  para este 2025. Eso sí nada de hacer lo que el propio Sánchez exigía con el desparpajo que le caracteriza–siempre la maldita videoteca – a Mariano Rajoy,  que sin presupuestos tenía que convocar elecciones. No se aplicará Sánchez a sí mismo su antaño exigente receta, pero al menos podría tener la decencia y no aportar excusas tan anti-parlamentarias como que “no quieren hacer perder el tiempo”, según la insólita, chusca y de lo más alegre excusa de la ministra Pilar… Alegría.

RETIRARSE A TIEMPO
Llegar a mayor es una bendición y más si la salud acompaña. Mucho peor es quedarse en el camino. Muy mala cosa es no saber envejecer a tiempo. Retirarse en el momento adecuado es una sabia decisión y más cuando los signos de decrepitud comienzan a hacer de las suyas. Acabamos de vivir un penoso pugilato entre dos ancianos y el resultado no puede ser más deplorable. El Rey Juan Carlos I demanda al presidente cántabro de las anchoas, Miguel Ángel Revilla, por calumnias. Éste se revuelve contra el Emérito y pasa al ataque. Patético. Retirarse a tiempo es un sabio consejo. El 30 de mayo de 1968 el catedrático Rafael Calvo Serer publicó en el diario Madrid un artículo con el título “Retirarse a tiempo. No al general De Gaulle”, en el que no sólo se refería al presidente de Francia, sino que también aconsejaba a Franco a hacer lo mismo. 
El Movimiento nunca perdonó al destacado miembro del Opus Dei su comentario y la emprendió contra el diario con multas, censuras y cierres administrativos hasta su clausurar en noviembre de 1971. Me ha venido a la memoria lo del “retirarse a tiempo” como una necesidad imperiosa que todos, según vamos cumpliendo años, deberíamos aplicarnos los mayores. Eso no quiere decir que la jubilación sea tiempo de renuncia, apatía, de dejar de lado agilidades que sin duda ayudan a mantener activo el cuerpo y el alma. No, pero virtud es respetar las propias canas. 
El currículum de Juan Carlos I, fundamental y muy de agradecer por los españoles de bien al facilitar una Transición modélica, quedó emborronado por sus muchos deslices de bragueta y cartera. Revilla ha aprovechado la tontorrona demanda del Rey Emérito para chupar cámara y demostrarnos que los años no le están sentando nada bien. Retirarse a tiempo suele ser una sabia decisión.