Aparece de tanto en tanto en los medios de comunicación la figura de Hernán Cortés. Militar, explorador, escritor y sobre todo conocido por ser el conquistador del imperio azteca, que permitió la creación del Virreinato de la Nueva España, que en gran parte es el México actual. El nombre de Hernán Cortés forma parte de la historia de España y América. Antaño era bien conocido por los españoles en edad escolar, al menos en mi época. También entre muchos ontiyentins porque aquí vivió un Hernán Cortés, que tuvo mucho de conquistador. Al anterior presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y a la actual, Claudia Shinbaum, propulsores de un movimiento indigenista y anti-español, les ha dado por exigir al Rey de España que pida perdón porque consideran que la conquista fue un sangriento genocidio, acusando a Hernán Cortés de ser su principal responsable.
Nuestro Hernán Cortés Falcó nació en Cocentaina el 30 de enero de 1913 y vino a Ontinyent en los años cuarenta del pasado siglo. Y aquí fundó su familia después de haberse casado en Albaida con Ángeles Nácher Alonso. Una vez establecido aquí trabajó como contable-administrativo en Mantas Jordá y en la Mutua de Levante. Don José Simó Aynat lo fichó como gerente de una fábrica de mantas que Paduana había instalado en Tetuán. De vuelta a Ontinyent entró en el Ayuntamiento de nuestra ciudad, del que fue funcionario y también concejal en los tiempos de la alcaldía de Jaime Miquel Lluch.
Hernán Cortés fue un caso de auténtica implicación en el Ontinyent de mediados del siglo XX, porque lo mismo se le vio en Caritas, de la que fue uno de sus promotores junto con Juan Lliso siguiendo las directrices del que luego sería fundador de la parroquia de San Rafael. También se implicó en actividades de la parroquia de Santa María como vecino que era de la Plaza de la Coronación, el popular Barranquet, con domicilio familiar en la calle Rafael Juan Vidal, en la misma finca en que vivía y pasaba consulta el doctor Riera.
Las escuadras “Lobos” y “Afonaos” fueron dos de la más conocidas y populares en la comparsa Marineros. En la primera estaban nombres tan recordados como Enrique Turégano, Roberto Coll, Tonet Cambra, Rafael Albert, José María Bataller, Tomás Vall, Tono Rovira, Paco Campos, Peralta. Y los “Afonaos” eran Gabriel Vidal, los Gil: Felito, Paquito y Enrique; Martí, Navarro y el protagonista de esta historia, Hernán Cortes, que en no pocas ocasiones fue su cabo de escuadra. Siendo mucha su integración en nuestra ciudad, Hernán Cortés no perdió sus vínculos familiares y afectivos con su Cocentaina natal. Era primo hermano del compositor Gustavo Pascual Falcó, cuya fama saltó fronteras por ser el compositor del tantísimas veces interpretado pasodoble que lleva el nombre de su cuñado, Francisco Pérez Molina al que se lo dedicó: “Paquito el chocolatero”. Nuestro Hernán Cortés fue festero en Ontinyent y también en Cocentaina.
Para un hombre decidido, que no se dejó amilanar por la pérdida de visión de un ojo a causa de una enfermedad cuando todavía era niño, ni por ser hijo de viuda, supo hacer frente con afán de superación a los retos que le fue planteando la vida. O algunos otros, como cuando se enroló siendo menor para viajar al Amazonas, en un barco que iba a partir del puerto de Valencia, y del que la Guardia Civil le hizo bajar a tierra “tirant-me de les orelles” según recordaba, porque su madre había denunció su desaparición. Siendo como fue autodidacta encontró en la lectura la mejor alianza para proveerse de cultura y conocimientos que le permitieron progresar. En sus últimos años, habiendo perdido por completo la vista, sus nietas, de las que fue cotidiano lector cuando eran niñas, se convirtieron en lectoras para él. Su simpatía, contagiosa y recíproca en una comparsa y escuadras que la derrochaban, fue un signo destacado de su personalidad, al igual que su bonhomía y entrega solidaria.
Llamarse Hernán no le supuso al señor Cortés Falcó más inconveniente que tener que hacer frente, con su notable sentido del humor, a la respuesta o comentarios que en más de una ocasión se encontró cuando se dirigió a algún vecino para informarle de una gestión que debía realizar en las oficinas municipales: “Bon dia, soc Hernán Cortés i li cride de l’Ajuntament”. “Sí, home, si. I jo soc Cristóbal Colón”. O Pizarro. Que respuestas las tuvo de lo más variado. Lo cierto es que aquel contestano que vino de bien joven y se convirtió en un ontinyentí más, no necesitó de más armas para lograr su conquista de la ciudad que la acogió, que su acreditada y reconocida bonhomía, su pasión festera y su solidario modo de ser y estar.