Es una exageración decir que cada festero, sea moro o cristiano, tiene una solución para el doble problema –programa de actos y horarios de los mismos, sobre todo de las Entradas --que cada año se manifiesta durante nuestras internacionales Fiestas de Moros y Cristianos de Ontinyent. Digo lo de exageración porque servidor de ustedes, que sigue siendo festero, no conoce la fórmula magistral para conseguir resolverlo, ni siquiera para intentarlo. Qué más quisiera yo que eso fuese posible. Mucho me temo que tampoco se consiga por más que se  consulte a la tan cacareada Inteligencia Artificial, que tantos la alaban como si de los remedios del mismísimo Fierabrás se tratase. La prudencia aconseja dejar en manos de quienes tienen responsabilidades, desde cada una de las comparsas hasta la Junta de la Sociedad de Festeros, para que sean ellos los que tomen las decisiones que consideren más adecuadas. Puede que en este, como en otros muchos asuntos, sea conveniente recurrir a la fórmula que escuché a un viejo profesor, que decía que “un problema bien planteado es un problema casi resuelto”.

La propuesta buenista de reducir el número de bandas de música surgida desde la Junta de Fiestas fue rechazada por el colectivo festero con tal número de noes que por lógica no admitía retoques ni maquillaje y se tenía que volver al punto de salida. Que no es otro que el tratar de compatibilizar en el tiempo y el espacio el elevado número de festeros que quieren “salir”. Ese “salir” afecta de modo casi exclusivo a las Entradas, el principal acto por lo que a boatos y número de festeros y músicos se refiere, porque por encima está , o debería estar, el de la Bajada del Cristo de la Agonía, verdadero protagonista de unas Fiestas que en su honor celebramos. Si fuese posible encontrar el mágico algoritmo que nos de la mejor la solución, todos nos sentiríamos la mar de contentos, pero seamos realistas, que habiendo crecido como lo ha hecho en los últimos años el número de festeros no hay algoritmo capaz de lograrlo. Y menos si lo que sugiere es que se reduzca el número de festeros que tomen parte de la Entrada. 

En nuestras fiestas y hasta ahora, a diferencia de las de Alcoy en que los festeros tienen que esperar por turno rotatorio para poder “salir” en las Entradas,  todos los festeros que lo deseasen han podido  desfilar o participar en las “Entradas” sin verse obligados a desempeñar el papel de “malditos”, denominación que se da a los festeros que forman parte del boato de una comparsa pero que no desfilan. 

En las de Ontinyent, hasta ahora, no ha habido “malditos”. Y costará que los haya porque en nuestro ADN verse privado del derecho a desfilar en una Entrada viene a ser como no poder copular en una relación sexual, por más que puedan ser otras, y también muy placenteras, las actividades y posibilidades a desarrollar. 

Cuando en alguna tertulia se ha planteado lo conveniente y provechoso que podría ser dedicar un tiempo de la cháchara a los horarios y programas de fiestas, sobre todo de las Entradas, las discordancias han aflorado al momento. Unos han considerado que era muy  elevado el número de festeros que salían. Otros que eran demasiadas las bandas de música, postura rechazada por la casi totalidad de los demás contertulios “porque sin música suficiente y potente una Entrada se convertiría en un desfile insufrible”. Otro terció en contra del elevado número de ballets “porque nada tienen que ver con la historia que hay detrás de los moros y cristianos”. A partir de ese momento la tertulia se convirtió en guirigay porque surgieron críticas sobre los anacronismos de nuestras Fiestas que, no pretenden ser un espectáculo a lo Puy de Fou.

Llegados al momento del calendario en que nos avisa de que ya estamos en el Mig Any, buena cosa sería que entre todos hiciésemos posible que aflorasen cuantas más mejor propuestas serias, brillantes, ilusionantes capaces de alimentar una “tormenta de ideas” de las que pueda salir la solución que a todos los que apreciamos nuestras Fiestas de Moros y Cristianos nos gustaría que se encontrase, que se consensuase y de ese modo pudiese ser respaldada por el mayor número de festeros. Difícil papeleta la que tiene la junta presidida por el berberisco Ricardo Calabuig Gandia, pero es de justicia dedicarle unas palabras de ánimo para que ni él ni su equipo desfallezca y cuanto se acuerde y pacte sea razón y motivo para que nuestras Fiestas sean de Interés Turístico Internacional de palabra y obra y por lo mismo conocidas de uno a otro confín.