Una bacteria asesina se coló en la vida de Carla hace dos años. A punto estuvo de matarla. No lo consiguió pero sí le arrebató manos y pies. De haberse hundido hasta lo irremediable la bacteria asesina habría triunfado. Carla Maronda ha demostrado ser más fuerte que el Staphylococcus aureus. Y el sábado 28 de marzo, en la IV Gala del Rotary Club de Ontinyent, la joven abogada de Xàtiva, plantada sobre las dos prótesis que le permiten moverse con autonomía, se subió al estrado para dirigirse a las más de trescientas personas que allí estaban reunidas, porque todas ellas, en gran número venidas de Bocairent, se sintieron concernidas a participar en un acto que era de apoyo a otro joven, José Luis Puerto, pero que todos en su Bocairent natal conocen como Jup y a quien la misma bacteria, u otra tan criminal como aquélla, también segó manos y pies a finales del pasado año. Las palabras de Carla fueron un canto de vida y esperanza, escritas por ella misma sin necesidad de un Rubén Darío. Y dichas con tanta convicción, fuerza y coraje que fueron apareciendo en nuestros ojos las lágrimas que eran reflejo de una emoción contagiosa.
¿Qué más puede o debe decir el periodista si Carla lo había dicho con la mayor precisión? Nada. Es ella la que habló con convicción y estas sus palabras: “Buenas días a todos. Gracias de todo corazón por estar aquí. Gracias por vuestra presencia, por vuestra generosidad y por convertir este día en algo tan valioso. Hoy no solo compartimos una comida. Hoy estamos aquí para sostener a Jose, para acompañarlo en uno de esos momentos que parten la vida en dos.
Y para mí, estar aquí tiene un significado muy profundo.
Porque cuando una persona sufre una amputación, no solo cambia su cuerpo. Cambia su mundo. De repente, todo aquello que parecía seguro deja de serlo. Aparecen el miedo, la incertidumbre, el dolor, la rabia, las preguntas. Una siente que la vida que conocía se rompe, y que tiene que aprender a habitar una realidad que nunca eligió.
Por eso, ver que el cariño, la solidaridad y el apoyo que tantas personas tuvieron conmigo, hoy los recibe Jose, me emociona de una manera difícil de explicar. Me conmueve profundamente sentir que aquello que a mí me sostuvo cuando más lo necesitaba, hoy está sirviendo para abrazar a otra persona que empieza un camino tan duro. Y eso es inmenso.
Porque hay momentos en los que una ayuda no es solo una ayuda. Es un mensaje. Es una manera de decirle a alguien: “No estás solo. No te soltamos. Vamos a estar aquí”. Y cuando la vida te golpea tan fuerte, sentir eso puede marcar una diferencia enorme.
A Jose me gustaría decirle una cosa desde la verdad. No, no es un camino fácil. Sería injusto adornarlo. Hay días muy duros. Días de cansancio, de impotencia, de tristeza. Días en los que cuesta reconocerse, en los que parece que todo pesa demasiado. Pero también hay algo que merece ser dicho con la misma claridad: se puede seguir viviendo. Se puede volver a encontrar sentido. Se puede reconstruir una vida bonita, digna y plena. Quizá no igual, pero sí valiosa. Sí tuya. Sí verdadera.
La amputación te cambia, pero no te borra. No destruye tu esencia. No se lleva tu capacidad de amar, de ilusionarte, de reír, de superarte, de seguir adelante. Obliga a rehacer muchas cosas, sí, pero también enseña una fuerza que uno no sabía que llevaba dentro.
Yo he aprendido que, incluso en medio del dolor, la vida sigue abriéndose paso. Que luchar merece la pena. Que levantarse una vez más merece la pena. Que seguir, aunque sea poco a poco, aunque sea con miedo, aunque sea con heridas, siempre merece la pena.
Y también he aprendido algo muy importante: nadie debería atravesar un proceso así en soledad. Por eso, lo que estáis haciendo este día tiene tanto valor. Porque no solo estáis aportando ayuda material. Estáis ofreciendo cercanía, humanidad, esperanza. Estáis diciendo con hechos que Jose importa, que su vida importa, que su futuro importa. Y hay gestos que uno no olvida nunca, porque llegan justo cuando más falta hacen.
Espero que Jose pueda sentir durante este día eso mismo: que hay muchas personas empujando con él, creyendo en él, sosteniéndolo mientras vuelve a ponerse en pie, por dentro y por fuera.
A veces la vida cambia en un segundo. Pero también en un segundo puede aparecer una mano tendida, una mirada sincera, una red entera dispuesta a no dejarte caer. Y eso también transforma una vida.
Así que gracias. Gracias por estar aquí. Gracias por mirar con el corazón. Gracias por demostrar que la solidaridad de verdad existe y que, cuando se convierte en compañía, en ayuda y en presencia, puede iluminar incluso los momentos más oscuros.
Y a ti, Jose, decirte que, aunque ahora haya dolor, desconcierto y miedo, también llegarán la fuerza, la calma y la esperanza. Paso a paso. Día a día. No estás solo. Y mientras haya motivos para seguir, siempre valdrá la pena luchar”.