Abriéndose paso entre la jungla de noticia de un día cargado a cuál de ellas más descollante, desde la Audiencia Provincial de Valencia se informa que la ex vicepresidenta del gobierno de Ximo Puig, Mónica Oltra Jarque (Neuss, Alemania, 1959) y nueve de sus colaboradores en la consellería de Benestar Social, tendrán que someterse a un juicio en el que se diriman sus responsabilidades por encubrir, presuntamente, los abusos sexuales cometidos por el exmarido de Mónica, Luis Eduardo Ramírez Icardi, por los que fue condenado y permanece en prisión. Las reacciones de algunos dirigentes de Compromís han sido inmediatas. La noticia ha tenido un efecto taumatúrgico como ver juntos en su protesta –denunciando como lawfare la decisión de la Audiencia-- a los diputados de Compromís, Águeda Micó y Alberto Ibáñez, que no lo hacían desde el momento en que Ibáñez se mantuvo fiel al Sumar de Yolanda Díaz mientras que Micó, a finales del mes de junio del pasado año, se pasó al grupo mixto en el Congreso de los Diputados.
La política valenciana ofrece aspectos de lo más llamativos cuando no curioso y contradictorios. En el concreto caso de Compromís no dejan de ser sorprendente los elogios que le dedican muchos compañeros y compañeras, eso sí, con significativos silencios, calificando a Mónica Oltra como “la millor dirigent de Compromis”, que contrastan con el mutismo que le dedicaron cuando desde sus mismas filas se presionó a la vicepresidenta a que dejase de serlo cuando fue imputada en junio de 2022. Si Mónica Oltra dimitía, tal como hizo, sin que no le faltasen empujones para que saliese del Consell, Compromís seguiría en el gobierno del Botànic y un centenar de altos cargos mantendrían su nómina en la Generalitat. Le negaron vergonzosamente la presunción de inocencia porque la pretensión de continuar en los cargos era mayor. Mónica Oltra, retirada del primer plano de la política, optó por dedicarse al ejercicio de su profesión de abogada.
Cuando en abril de 2024 el Juzgado de Instrucción número 15 de Valencia sobreseyó la causa que le afectaba hubo satisfacción en Compromís. Ma non troppo. Hubo quienes festejaron la decisión judicial pero no faltaron quienes con el ceño fruncido dedujeron –y maldijeron -- que su protagonismo iba a ser menguante si Mónica Oltra decidía regresar a la arena política, lo que no se produjo en aquel mismo momento. Pero, bastó un encuentro con el alcalde de Ontinyent y líder de Ens Uneix –germen de la Unió Municipalista -- Jorge Rodríguez, que la elogió al decir que sería una excelente candidata. Incluso hubo colega que por su cuenta llegó a concretar el ofrecimiento, que fue más mediático que real, de que podría optar con garantías de éxito a la alcaldía de Valencia.
Me resulta sorprendente que los mismos y mismas de Compromís que ahora protestan por la reapertura del “caso Mónica Oltra” no exigiesen en su momento al presidente Ximo Puig le concediese el beneficio de la duda y, sobre todo, que la amparase en base a la presunción de inocencia, a la que tenemos derecho todos los españoles. En el Partido Socialista la presunción de inocencia es un derecho que va por autonomías. En la Comunidad Valenciana cuando estalló aquella fétida bomba del llamado “caso Alquerías”, los socialistas con Puig al frente y con Ábalos como instigador, se la negaron a Jorge Rodríguez. Una decisión tan borde como torpe que aún les tiene llorando por las esquinas habida cuenta el costo electoral que les ha supuesto en Ontinyent, comarca de la Vall d’Albaida y hasta en la Diputación de Valencia. Tampoco se la concedieron los socialistas a Mónica Oltra, ni los de Compromís se mostraron muy exigentes presionando para que siguiese en el cargo hasta que la Justicia hablase.
¿Y ahora, qué? Será muy interesante ver qué deciden los mandamases de Compromís. Porque no estaría mal que, apelando a esa presunción de inocencia tantas veces pasada por el forro de los caprichos de unos y otras, decidiesen que Mónica Oltra –con permiso de Baldoví y Papi Robles, que ya lo ha dado – fuese su candidata a la alcaldía de Valencia, al margen de la situación judicial en que se encontrase en el momento de presentarse las candidaturas municipales el próximo año. Sería el mejor modo y manera de ofrecerle una reparación cuando la empujaron a que dimitiese como vicepresidenta y consellera, cediendo ante el temor de que Ximo Puig -- que también en este caso, como antes hizo con Jorge Rodríguez, ignoró por completo la presunción de inocencia – y que estaba dispuesto a destituirla si no dimitía.