Un comentario malicioso, más que eso, con muy mala leche, y verán por qué lo califico así, escuchado a principios de la pasada semana, decía que en el bar de Ontinyent –situado en el Llombo-- en el que celebró Gabriel Rufián un esmorzar el viernes 6 de este mismo mes con un pequeño, muy pequeño, grupo de seguidores de nuestra ciudad y algún que otro forastero, había cerrado sus puertas para proceder a su desinfección y desinsectación. No es cierto. Después de  pasar por allí Rufián ese mismo día hubo, en La Tardor, al menos otra celebración familiar y, acto seguido, el traspaso del local a otra empresa obligó a cerrarlo con el fin de que quedase a punto para reiniciar su actividad, lo que hará en fecha próxima y con otro nombre, que se lo adelanto: “L’Ambotit”, convertido en gastrobar, que debe ser una de esas moderneces que encuentro definida en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua como “bar o restaurante que ofrece tapas y raciones de alta cocina”.  Bienvenido sea “L’Ambotit” y quienes hemos sido clientes de “La Tardor” decidiremos si nos conviene al paladar y la buchaca frecuentarlo en la nueva etapa.

Rufián vino a Ontinyent haciéndose acompañar de un perro-guía por quien fue concejal de Compromís, Vicent Xavier Vila, cuya abrupta salida de esa coalición daría para un extenso informe periodístico. No mitineó aquí el portavoz de ERC como sí lo hizo en Onil, en donde debe tener más partidarios que en la capital de la Vall d’Albaida. Esta semana Gabriel Rufián ha vuelto a promocionarse como líder aglutinador de todo lo que se mueve a la izquierda del Partido Socialista. A la vista del fracaso de Podemos, que no ha conseguido ni un escaño en las Cortes de Aragón, y de Sumar, que sólo ha obtenido uno, su propuesta debía haber suscitado un mayor entusiasmo. Pues ni siquiera así. Comenzado por su propio partido, que le ha dicho muy a las claras que el programa de ERC es de y para Cataluña; seguido  del desdén con que Bildu ha acogido su iniciativa; el no de Compromís por ser competencia directa, terminando por ahora en las reticencias de quienes todavía tratan de mangonear en Sumar, que es lo mismo que hacen lo que fue Podemos y se ha quedado en Pudimos. Las ínfulas de Rufián de ser el nuevo Yolando  de la política española no han encontrado el eco que creía le iban a dispensar por su cara bonita.

Y eso que Rufián es de los políticos que despiertan simpatías entre los periodistas parlamentarios ante los que suele detenerse cuando le ponen una grabadora o un micrófono delante, a diferencia de lo que hace Pedro Sánchez y la mayoría de sus ministros, que dejan a los colegas sin posibilidad de terminar la pregunta que trataban de hacerles porque pasan de largo. Rufián, no. Rufián atiende y debió ser excepción lo que hizo en nuestra ciudad porque sólo tuvo tiempo de atender a nuestra competencia, que eso sí lo agradeció con generosidad tipográfica. El CIS de Pedro Sánchez, manejado por José Félix Tezanos, preguntó por Rufián el pasado mes de enero. Del total de 432 valencianos preguntados el 8,6% lo mencionó como su favorito para ser presidente del gobierno, mientras que quien todavía sigue siendo presidente alcanzaba un 19,9%. A pesar de su indudable tirón mediático y ser de los encuadrados en la clasificación de “ni una mala palabra ni una buena acción”, el propósito aglutinador de Juan Gabriel Rufián Romero (Santa Coloma de Gramanet, 1982) se ha encontrado con un “no” entre los que podrían ser socios o cómplices de un proyecto que, de entrada, tiene bastante de chocante. 

Que sea el miembro de un partido catalán, republicano, de izquierdas e independentista quien se ofrezca como tabla de salvación de la extrema izquierda en España, no deja de ser un sarcasmo. Pero no ha sido el primero en tratar de vender desde Cataluña su particular burra –animal, por cierto, totémico para los independentistas-- para que se la comprásemos en el resto de España. Hay que recordar que, en la década de los ochenta del pasado siglo, justo cuando nació Rufián, se presentó la llamada “Operación Roca” que quiso ser lo mismo que ahora patrocina este hijo de inmigrantes andaluces, pero desde el centro-derecha. No consiguió ni uno solo diputado a pesar de que los bien financiados que estuvo el Partido Reformista Democrático sobre el que se basaba la “operación” que, además, contaba con destacadas figuras como Antonio Garrigues Walker y Florentino Pérez. Rufián tiene previsto volver por Ontinyent antes del verano. Ya veremos si para entonces, no habiendo conseguido más adeptos para su movimiento nacional, desiste y deja a Vicent Xavier Vila sin escalera colgado de la brocha.