Escuchas las declaraciones de dirigentes gubernamentales -- y antes que estos hubiesen hablado las efectuadas por Oriol Junqueras-- sobre la reforma de que el sistema de financiación autonómica, dicen, es lo mejor para todas y cada uno de los gobiernos regionales. Y que la  Comunidad Valenciana  figurará entre las más beneficiadas porque vamos a recibir miles de millones como si del bíblico maná se tratase. Si lees o escuchas a los medios de comunicación sanchistas, las loas se suceden y esa propuesta es la mejor que nos podían hacer. Sin embargo, el presidente socialista de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, no es del mismo parecer. No acepta el trágala de Sánchez a las exigencias de un dirigente como Junqueras y al independentismo catalán, que ha conseguido para Cataluña 4.700 millones de euros por aplicación de no sé qué principio que llaman “de ordinalidad”. Éste es un término muy repetido y  de lo más citado estos días, pero que no deja de parecerme  sospechoso, dado que no aparece definido en el docto diccionario de la Real Academia de la Lengua, que tantos esfuerzos hace por incorporar y avalar aquellas palabras que el uso común hace suyas con la facilidad de propagación que proporcionan las redes sociales. Pido la complicidad de la inteligencia artificial y me regala esta definición: “Ordinalidad significa que si una comunidad es la que más aporta al sistema común de recaudación también debe ocupar la misma posición en cuantos recursos debe recibir”. O sea, que no sólo es todo lo contrario de la solidaridad –que debería ser santo y seña del socialismo -- sino que, además, en este caso, no responde a la realidad porque no es la autonomía catalana la que más aporta a la caja común de todos los españoles, mientras que los valencianos sí que somos los que peor financiados estamos.