Me sentí frustrado al leer en LOCLAR la noticia de que la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Ontinyent (AFAO) dejaba de recoger tapones, que desde años anteriores era una solidaria y ecologista manera de recaudar fondos para ayudar a sufragar gastos de esta asociación. La caída en picado del valor del plástico taponero justificaba que dejasen de entregarse porque era mayor el costo de la colecta que los beneficios que generaba. De modo que por culpa de la devaluación de ese plástico los solidarios tapones se habían convertido en insolidarios.
Desde hace años, cuando se inició esa recogida, me sentí concernido, al igual que toda mi familia, a contribuir y nos obligamos a no dejar que ningún tapón se perdiese y terminase en el contenedor de plásticos y envases.  

Con cada tapón nos sentíamos vinculados, aunque fuese de modo tan mínimo, con los familiares y enfermos de una dolencia tan cruel como esa, que termina por anular tu yo, borrándote el quien eres y convirtiéndote en un vegetal que sólo muy de tarde en tarde, y excepcionalmente en algunos pocos casos, te concede unos instantes de lucidez, al salir de la sima del olvido. 

Ignoro las razones de la caída de cotización del tapón de plástico, pero nada me extrañaría que obedeciese a maniobras especulativas, una más de tantas, promovidas por aquellos que mueven los hilos de la economía desde un despacho que lo mismo puede estar en Singapur, que en Londres o en Pekín, sin que el común de los mortales tengamos arte ni parte en sus tejemanejes, pero bien que terminan por afectarnos.

La decisión –supongo que sería cosa de algún mandamás de la Unión Europea—de que los tapones debían quedar amarrados al tetrabrik no sé si ha podido afectar a la cotización de las tapones, pero  por de ser mucho mayor el número de botellas que se depositaban en los contenedores de reciclaje con su tapón amarrado, debería haber subido su cotización. No es fácil entender los intríngulis, la letra pequeña, las trampas saduceas que nos afectan a los humanos, sean de ciencias o letras. 

Y no seguir guardando los tapones me está provocando una extraña sensación, de que algo se está haciendo mal. Insolidariamente muy mal. Habrá que ir pensando, entre todos, cómo generar más ingresos que contribuyan a mejorar la calidad de vida de los enfermos de Alzheimer.