Se suceden las noticias que dan cuenta de sentencias judiciales en contra de los ruidos. El Ayuntamiento de Sagunto ha sido uno de los últimos en ser condenado por la contaminación acústica producida por un bar sin licencia. El Ayuntamiento de Valencia tendrá que pagar por su inacción ante el ruido en la Ciudad de las Artes 3.000€ por daños morales a 46 afectados. Las Fallas de la capital valenciana han vuelto a poner de manifiesto la creciente incomodidad de muchos vecinos por sufrirlos de modo interrumpido. Parece que los tiempos de impunidad por el disparo de petardos, la música en carpas y las jaranas en bares y terrazas comienzan a ser acotados cuando no sancionados. El derecho al descanso gana adeptos y cada vez hay más jueces que dan la razón a quienes lo reclaman.
A dos semanas del mes de mayo en que comenzarán a celebrarse con mayor asiduidad las cenas de comparsas, la predicción festera adelanta que llegarán en paralelo quejas de no pocos vecinos. De momento, y salvo algún concreto caso en una plaza en que ya han aflorado con cierta litigiosidad, el problema no ha derivado a pleito judicial, pero más nos valdría evitárnoslos por cuanto tiene de maldición lo de “pleitos tengas y los ganes”.
La contaminación acústica, junto con los horarios y la duración de las Entradas cristiana y mora que suscitan mayor y más inmediata preocupación, forma parte del grupo de asignaturas pendientes. Y no sólo para los responsables de la Sociedad de Festeros sino también para los presidentes de casi todas las comparsas. Con todo, siendo complicado encontrar solución al problema de las Entradas, más me lo parece el de la contaminación acústica porque ya no afecta sólo a las personas. Cada vez más son los dueños de perros y gatos que están dispuestos a guerrear por el descanso y tranquilidad de sus mascotas. Y por ahí, más que por el descanso de las personas mayores o enfermas, se planteará la guerra contra la contaminación acústica.